¿Quién está preparado para hacerlo de verdad?

¿Quién está preparado para hacerlo de verdad?

No me canso de decirlo: al final, todo gira alrededor del profesional inmobiliario.

Puedes estar a favor o en contra de cómo trabajan unas u otras empresas, de determinados perfiles del sector (y sí, también de los “enseñapisos”, que los hay), o de las medidas del gobierno de turno en materia de vivienda, muchas veces más ligadas a lo electoral que a lo estructural. Pero, si bajamos al terreno de lo real, todo acaba en el mismo punto: Una gestión profesional del contrato de alquiler.

Un contrato bien hecho, supervisado por un especialista y adaptado a cada caso. No estándar. No improvisado. No copiado. Y aquí aparece la gran contradicción: Si como propietarios exigimos seguridad jurídica, es decir, que el contrato lo redacte alguien que sabe lo que hace, ¿cómo no vamos a pagar por ese trabajo? Porque todos lo sabemos: muchos propietarios no quieren asumir honorarios y, sin embargo, esperan un resultado impecable.

Desde el lado del inquilino ocurre lo mismo: hay requisitos que validar, situaciones que analizar, equilibrios que mantener. Mediar en un alquiler no es enseñar una vivienda, es construir un acuerdo. ¿De verdad eso es gratis?

En los últimos meses estamos viendo una tendencia clara: propietarios que firman contratos de alquiler ante notario buscando mayor seguridad. Y esto da para reflexionar.

No. Ir al notario no evita un impago. Pero sí evidencia algo más profundo: la necesidad de seguridad. El problema es que muchos están buscando esa seguridad en el lugar equivocado. Porque antes del notario, está el profesional. El propietario medio hoy tiene miedo al impago, a la normativa, a no entender qué está firmando. Y además, vive rodeado de información contradictoria.

En ese contexto, no necesita a alguien que “haga lo de siempre”, necesita a alguien que le de criterio, claridad y control. Ahí es donde aparece el profesional de verdad, el que marca la diferencia. Porque no, no somos todos iguales. Y cuanto más se complique el entorno, regulación, inseguridad jurídica, desconfianza…más evidente será. Al final, la pregunta no es si hay que profesionalizar el sector. La pregunta es: ¿Quién está preparado para hacerlo de verdad?

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